miércoles, 9 de septiembre de 2009

Reconociendo la ciudad

Al no haber persianas en mi habitación, y al hacer poco las cortinas, mi despertador durante mi estancia aquí será la luz del sol. Levantarse y ver un paisaje así es lo mejor:





No es el paisaje más bonito del mundo, pero ayuda a empezar el día con buen pie.

Tras una buena ducha y organizar un poco todo lo que no pude organizar el día anterior, Pablo llama a la puerta y le hago pasar. Le enseño la lista de la compra que yo tenía pensado, y mientras yo desayuno comentamos qué es lo que haría falta y todo eso.

Después me quedo solo para traducir algunas cosas de la lista, por si acaso, y nada más terminar, al bolsillo y para el centro comercial.

Ante todo, almohadas, por favor... Luego compramos agua y un montón de productos de higiene y limpieza, dejando para el día siguiente el resto de compras.



Como ya dije, uno se puede llevar el carro hasta casa, y descargar ahí:



Lo siguiente fue dejar el carro en casa e ir a hablar con Frau Rauscher, para ver si podíamos conseguir ya Internet, fue muy divertido. Ella nos dio unos papeles, que eran copias del recibo del alquiler de la habitación en la Studentwohnheim, y algunas cosas más que, según entendimos, había que devolver firmadas... Bueno, yo por si acaso lo firmo todo y que luego ella elija qué es lo que va a necesitar.

Tuvimos que volver a por los portátiles e ir con Frau Rauscher a que nos abriesen el Internet, ya que necesitábamos, como ellos los llamaban, el ID del ordenador, pensábamos que se refería a un número de licencia o algo, pero resulta que cuando le llevamos los ordenadores a la chica que era ayudante en la zona de ordenadores (muy maja, por cierto), lo que quería decir es que necesitaba la IP, y yo: "Pero si sabíamos cómo hacerlo, ¿por qué no han dicho 'IP-Nummer', que además es el nombre en Alemania?"

La becaria y el jefe se enfrentaron a un reto muy grande, intentar conectar a Internet un ordenador que está en Español, yo intenté cambiar el idioma, pero no pude, además, no me iba a poner a toquetear cosas del ordenador. Se guiaron mediante "control", "internet", "configuración", y cosas que más o menos se parecían entre idiomas. Muy simpáticos y muy eficientes, tras un buen rato de forcejear con mi ordenador (al de Pablo se le acabó la batería), tuvimos acceso a Internet por cable desde nuestra habitación.

Frau Rauscher nos enseñó un poco cada edificio, hablando a veces en Alemán, a veces en Inglés, a ver si pronto conseguimos entenderlo todo, mientras tanto estudiaremos en nuestras habitaciones, que es lo que toca.

Mientras estábamos hablando con Frau Rauscher, a Pablo le sonaron las tripas cosa mala, y Frau Rauscher se empezó a reir:

F. R.: Hast du Hunger, huh?
Yo: Und ich habe einen bärenhunger auch!

La cuestión es que eran las tres, y que desde la mañana no nos habíamos metido nada en la boca, y ya iban bien, así que volvimos a la residencia, y Pablo se subió a mi habitación, a ver si podíamos hacer funcionar también su portátil, pero al final no hizo falta, se las apañó muy bien.

A falta de cuchillos, Pablo partió el pan que compramos el día anterior a mano descubierta, con esa pedazo de mano que tiene, y se puso tan feliz en la ventana a comer, mientras yo todavía tenía el bocata de tortilla de patata que me puso mi madre el día anterior.



Foto: Pablo felis.

Conseguimos hacer funcionar el Skype y tuvimos nuestra primera videollamada con Carlos Soria, a Singapur, y perfecto, se veía y se oía bastante bien, hasta que la cosa empezó a degenerar. Todo le va bien, y nos alegramos mucho.

No obstante, mi familia llamaba por el GMail (que antes no estaba), así que nos despedimos de él y me puse a hablar con mi familia, y todo bien, acabé hasta la coronilla de la tortilla de patata, y eso que llevaba casi un cuarto de día sin comer.

Sobre las 17:00 apareció nuestro buen amigo Marc, que nos quería acompañar a comprar un móvil alemán y a abrir una cuenta en el Sparkasse del centro comercial... 20 € por una tarjeta de débito, tenía que ser para cuatro años, así que dijimos: "Por 5 € está bien, pero por 20, que se la queden ellos".

Luego fuimos a The Phone House, donde nos atendió una mujer estupenda, Kathleen, y mientras Marc se fue al Zahnarzt, la mujer resultó ser americana y hablar un inglés perfecto, pero perfecto perfecto (normal, nació allí), pero nos hizo mucha gracia, porque fue dejar de hablar en Alemán y empezar:

Kathleen: Ok, gentlemen, pick up your mobile phones, please!

NdA: A todo esto, en Ansbach hay una base militar de EEUU, creo, y por eso también hay bastantes americanos, el otro día vi a un soldado vestido de soldado, con su traje verde de camuflaje, su pelo rapado y su gorra, paseando por el centro comercial con su hija cogida de la mano.

Y lo dijo poniendo posturita en plan concurso de la tele, me hizo mucha gracia, y hablaba tan bien el inglés que cuando lo empecé a hablar yo me frustré, llevamos una mezcla de idiomas asquerosa, y encima por la noche me puse a hablar con una vieja colega de Francia y no me salían las palabras, casi me salía todo en Alemán.

Esta es la cara de Pablo mientras mirábamos móviles:


10 € el móvil alemán con tarjeta incluída, y no es mal móvil, ¿eh? También me hizo mucha gracia, porque en la terminal que usaba la mujer para hacer el papeleo y dar de alta las tarjetas, la lista de países incluía a la Unión Soviética, muy, muy viejo.

Luego, resultó que la Termin mit dem Zahnarzt de Marc había sido cancelada, por lo que no había tardado mucho en volver. Se apuntó nuestro nuevos móviles y ya al día siguiente les pondremos algo de pasta en la tarjeta, sin problemas.

Pues después nos fuimos a pasear, fuimos para el Schloss y l'Orangerie.








L'Orangerie es precioso al atardecer, y tenían un jardincito con un montón de hierbas, frutas y especias, con su cartelito informativo... Habían higos, tomillo, romero, albahaca, y un montón de cosas más.

Ya de cara a las 20:00 cerraron todas las tiendas, a Pablo le dio tiempo de comprar algo para comer, y a Marc también, la fruta aquí es horrorosamente cara, así que obtendré mis vitaminas de los deliciosos yogures Müller, por ejemplo, aunque aquí todos los lácteos son estupendos, con probarlos se le caen a uno los pantalones.

Cuando subió Pablo (que le dio un tremendo susto a una pobre china aparenciendo detrás de ella como un fantasma estuvimos haciendo cuentas de la compra de ese día, y hablé un rato con mi familia, con Ana y con Cristina (y con su padre, Herr Galindo), y todo bien.



¿Quién dijo que era un tópico de las salchichas? Como este mostrador habien por lo menos 9 más.

¡Hasta mañana!

1 comentario:

  1. yo me sé de algunos que con esos escaparates de salchichas serían felices!!jajaja

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